La antigua casa del cirujano del pueblo, siglo XVII, cuyo oficio aún se percibe en el grosor de los muros de piedra. El mármol travertino conserva el frescor de la noche hasta bien entrada la mañana, y hacia el mediodía cede su lugar al sisal, cálido bajo los pies. En la entrada, el arte cerámica de Jaume Roig convive con la arquitectura original. En Can Aulí, la historia se percibe en los materiales y en la forma de vivir, descalzo, sus espacios.
Construida sobre un antiguo curso de agua, su sonido aún puede escucharse bajo el suelo. Más allá de los muros, el sonido de pájaros, ovejas en algún punto de la ladera, el silencio particular de un valle que pertenece a la Sierra de Tramuntana, Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Las obras de Richard Zinnon, Antonia Ferrer y Jordi Alcaraz conviven con muebles que han trascendido de generación en generación— como si este santuario hubiera elegido qué conservar.
Can Aulí y Valldemossa descansan sobre la misma montaña: bancales de piedra, olivares centenarios y una forma de habitar que ha permanecido casi intacta con el paso del tiempo.