Hay lugares que se entienden al sentarse.
En De Tokio a Lima, la Sierra de Tramuntana sostiene el paisaje y la Cartuja de Valldemossa marca el horizonte. Tu mesa se sitúa justo en ese cruce.
El primer bocado -un tiradito de hamachi con piña y lulo- abre la noche. Le siguen el ceviche con tamarillo, las vieiras con ají amarillo, el tataki de solomillo con un sutil matiz cítrico. Nuestra cocina avanza con ritmo propio, enlazando producto y técnica sin interrupciones.
La tarta, elaborada con limones de Sóller, llega cuando la luz empieza a caer. Precisa y equilibrada, concentra la frescura del fruto en su punto exacto. Un final con raíces en Mallorca.
Te quedas un rato más. Paisaje, arquitectura y cocina, encuentran una armonía difícil de explicar y aún más difícil de olvidar.