Hay una hora en Mallorca que se reconoce sin nombre. En Valldemossa, llega con la luz atravesando la Sierra de Tramuntana, cuando el valle se repliega y el tiempo se dilata. En Palma la ciudad aún resuena, Can Alomar recoge ese pulso y lo transforma.
En los dos lugares, alguien se sienta. Empieza una conversación.
Esta temporada, gira en torno a De Tokio a Lima Sour. Dos ciudades. Un vaso.
Distinta luz, distinto ritmo. La misma hora.