En tu próxima visita a Palma, una calle estrecha del casco antiguo puede llevarte hasta una discreta puerta de madera. Al cruzarla, se revela un palacete del siglo XVII donde los arcos de piedra conducen a un patio, presidido por una instalación de arte cerámica del artista mallorquín Jaume Roig.
La arquitectura original se conserva con respeto, integrando intervenciones contemporáneas con sutileza.
El arte cerámica y textil, con raíces en Mallorca, forman parte del lenguaje interior. La luz de Davide Groppi dialoga con los sillones de Jean Prouvé.
Hay algo casi teatral en Can Cera: la altura de los techos, la solidez de la piedra y el mármol originales, la forma en que la luz se filtra a distintas horas del día. Pero también hay algo íntimo, difícil de explicar, que invita a quedarse, a bajar el ritmo y simplemente estar.
En la Suite Can Cera, los tejidos tradicionales, la carpintería tallada a mano y las baldosas pintadas por el histórico taller La Roqueta aportan calidez y carácter.
Una vez conoces Can Cera, permanece. Y, de algún modo, siempre invita a volver.