La que fuera la casa del cirujano de Pollença, hoy te invita a vivir en calma.
De fondo, la Sierra de Tramuntana, el paisaje que la UNESCO decidió proteger.
La mesa comienza con lo que ofrece el huerto: hojas y flores cortadas al amanecer, quesos y fruta del mercado dominical de Pollença. Antes de que la casa despierte, Tina trabaja junto al horno: hogazas de xeixa, el trigo ancestral de Mallorca; panes negros de carbón activado; bizcochos recién hechos; mermeladas enfriándose en pequeños tarros de cristal.
Y entonces empieza el día. Una bicicleta apoyada en la puerta. La subida serena hacia Lluc. El campo de golf de Pollença, escondido entre pinos. Y, para quien quiera descubrirlas, las sendas que descienden hasta Cala en Feliu o Cala Castell.
Al final permanece lo más sencillo, y quizá también lo más raro: una mesa, notas de romero y jazmín y, por fin, tiempo para quedarse.